Encontrando la luz de la fe en Nuestra Señora de la Candelaria
El 2 de febrero es una fecha muy conocida y celebrada por su profundo significado; nos invita a reflexionar sobre la Presentación del Señor en el Templo. También conocida como la fiesta de la Candelaria, nos brinda la oportunidad de meditar sobre la importancia de la luz en nuestras vidas, de ahí el uso simbólico de las velas en este día.
## Aspecto histórico
El papa Gelasio I (492-496) suprimió las fiestas paganas romanas de la fertilidad y la purificación. Las reemplazó por la fiesta de la Purificación de María, que se celebraba con procesiones acompañadas de luces o velas.
Según algunos historiadores, pastores nativos de Tenerife, en las Islas Canarias de España, encontraron una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos y sosteniendo una vela. Por esta razón, los españoles le dieron el título de Nuestra Señora de la Candelaria. Este acontecimiento data de alrededor de 1392.
Desde entonces, los españoles han venerado a María bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria. La devoción hacia ella creció, convirtiéndose en una de las principales fiestas marianas.
## Significado de esta fiesta
El corazón de esta celebración es la Presentación del Señor, que simboliza la entrega y la consagración. Nos recuerda la importancia de presentar nuestra vida ante lo Divino para pedir la bendición en nuestro caminar.
La Purificación de la Virgen María nos muestra la pureza y entrega total a los valores fundamentales de nuestro camino espiritual en la fe.
San Juan Pablo II, al referirse a la Virgen de la Candelaria o a la Presentación del Señor, interpretó su significado diciendo: “Es como una celebración de la luz de Cristo y del papel profético de María”. Además, resalta que María y José eran personas devotas y fieles.
## Símbolo de esperanza
Los elementos más importantes de esta celebración son las velas, que simbolizan la luz que ilumina nuestras vidas en tiempos de oscuridad. Son como faros de nuestra fe que nos ayudan a superar las dificultades.
Al reconocer y dejarnos guiar por la luz de Cristo, encontramos paz y comprensión en el Señor.
El Evangelio de Juan nos enseña que Jesús es nuestra luz:
“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Juan 8, 12).
El papa Benedicto XVI nos recordó las palabras del piadoso Simeón:
“[Él] proclama que Jesús es la ‘salvación’ de la humanidad, la ‘luz’ de todas las naciones y un ‘signo de contradicción’, porque revelará las intenciones de los corazones”.
## En muchas culturas
Esta fiesta se celebra de diversas maneras, resaltando y reflejando la riqueza cultural de cada país o región.
Por ejemplo, en las Islas Canarias se realizan procesiones y misas. De igual manera, en Puno, Perú, se celebra esta fiesta con procesiones y danzas.
Así, la festividad es una fusión de tradiciones religiosas y culturales propias de cada lugar.
## Comunidad y unidad
En esta fiesta de la Candelaria también se aprecia la importancia de la unidad en la comunidad.
Al compartir la luz de nuestras velas, compartimos nuestra fe y esperanza con los demás, fortaleciendo los lazos de amistad en nuestra comunidad parroquial.
En un mundo dividido por tantos problemas sociales, esta fiesta nos recuerda la importancia de la solidaridad y el apoyo mutuo entre todos los miembros de la comunidad.
La fiesta de la Candelaria, rica en simbolismo y tradición, nos invita a una profunda reflexión sobre nuestra vida espiritual y a celebrar nuestra relación con Dios en comunidad.
Todo ello nos anima a ser luces en la oscuridad, permitiéndonos ser guiados y guiar a otros mientras celebramos juntos nuestras tradiciones culturales y espirituales.
Esta fecha siempre nos recuerda nuestra búsqueda constante de luz, pureza y unidad en nuestras vidas y en nuestra relación con los demás.
En *Evangelii Gaudium* (La alegría del Evangelio), el papa Francisco dijo que María “es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. A través de las distintas advocaciones marianas, ligadas generalmente a los santuarios, comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio, y entra a formar parte de su identidad histórica” (n. 286).
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